Language: Español

América Latina enfrenta una crisis de seguridad profunda que ha debilitado la confianza en las instituciones democráticas y alimentado salidas autoritarias. En este contexto, el debate público sobre la seguridad en la región se ha polarizado al punto de reducirse a una disputa entre la “mano dura” y el garantismo. Este enfoque reduccionista se ha convertido en un terreno fértil para atajos y pretextos, favoreciendo respuestas insuficientes para enfrentar el problema de seguridad en la región.

Esta publicación propone una nueva aproximación para desmontar el debate reduccionista sobre la seguridad en América Latina, reemplazando los supuestos simplificados que dominan hoy la comprensión del problema por otros más realistas –ampliamente estudiados por académicos y expertos– que reconocen la naturaleza compleja y transnacional del fenómeno criminal, la necesidad de políticas de Estado de largo plazo y la articulación entre seguridad, justicia, prevención y desarrollo.

Así, esta nueva aproximación a la discusión sobre seguridad en la región busca abrir paso a soluciones democráticas, sostenibles y efectivas que permitan enfrentar la inseguridad sin recurrir a atajos ni pretextos.. 

El identificador DOI para esta publicación es: https://doi.org/10.5281/zenodo.19063113

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Anna Simon Serra es pasante del Programa Regional para América Latina y el Caribe de
IFIT, donde realiza investigación y análisis comparado sobre paz, seguridad y gobernanza
democrática. Su formación académica y experiencia profesional se centran en derecho
internacional, derechos humanos, y migraciones forzadas, así como en las dimensiones
políticas y jurídicas del conflicto y la gobernanza.

Anna es graduada en Derecho y Desarrollo Internacional por SOAS University of London y
trabaja como asistente de investigación en King’s College London, participando en un
proyecto sobre interseccionalidad y derecho internacional. Anteriormente colaboró con
ACNUR en Londres en investigación sobre políticas de protección internacional y sistemas
de asilo. También cuenta con experiencia directa en terreno, apoyando a comunidades
migrantes en Europa y América Latina.

Originaria de Barcelona, ha vivido en España, Bosnia y Herzegovina y el Reino Unido, y ha
realizado trabajo de campo en México. Estas experiencias han reforzado su interés por el
análisis comparado y los retos de gobernanza en contextos frágiles y afectados por el
conflicto.

Idiomas de trabajo: inglés, catalán y español

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Karol Nathaly Mejía es pasante en el Institute for Integrated Transitions (IFIT). Está basada en la oficina de Bogotá, donde apoya tareas de investigación, análisis y proyectos relacionados con el trabajo de IFIT en Colombia.

Antes de unirse a IFIT, Karol participó activamente en Rodeemos el Diálogo, una organización dedicada a la construcción de paz en Colombia mediante metodologías pedagógicas y el seguimiento del Acuerdo de Paz de 2016. Allí se desempeñó inicialmente como practicante y posteriormente como voluntaria, donde fortaleció su compromiso con la resolución pacífica de conflictos. Adicionalmente, en sus tiempos libres es tallerista de niños y niñas, una labor que le ha permitido desarrollar habilidades pedagógicas. 

Karol es politóloga de la Universidad de los Andes, graduada en octubre de 2025. Sus intereses principales se centran en la construcción de paz, los enfoques de género, la representación política y el uso de la pedagogía como herramienta de transformación social.

Idiomas de trabajo: español e inglés

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En 2024, México aprobó una reforma judicial que introdujo cambios estructurales en el sistema de justicia. Entre ellos, la adopción de la elección popular como mecanismo para la designación de jueces y juezas en todo el país, incluyendo magistraturas de cortes de última instancia. Este cambio transformó la relación entre el sistema de justicia y la ciudadanía y tiene implicaciones relevantes para el Estado de derecho, cuyo alcance y efectos continuarán definiéndose en su implementación.

Este documento presenta una investigación sobre cómo se desarrolló en la práctica el proceso de selección de cargos de cortes de última instancia (2024–2025), a partir de entrevistas con actores involucrados, revisión documental y análisis comparado. También analiza el proceso de selección a la luz de principios clave de la selección judicial —transparencia, equidad, idoneidad, independencia, diversidad y diseño institucional— y formula recomendaciones específicas y prácticas orientadas a fortalecer futuros procesos de selección judicial en México.

En últimas, este documento busca aportar evidencia empírica que contribuya a discusiones más informadas sobre la selección judicial, tanto en México como en otros contextos que enfrentan debates similares.

El identificador DOI para esta publicación es: https://doi.org/10.5281/zenodo.18458703

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América Latina es hoy una región predominantemente democrática y mayoritariamente libre de conflictos armados nacionales.  Sin embargo, la región enfrenta dos desafíos interconectados que amenazan la estabilidad de sus democracias: redes criminales con creciente capacidad de control territorial y gobernanza y líderes electos que socavan el Estado de derecho y erosionan las  instituciones democráticas. 

Combinadas, estas amenazas generan un dilema específico: cómo enfrentar crisis agudas de seguridad pública sin recurrir a tácticas autoritarias. Por esta razón, las transiciones políticas en la América Latina contemporánea deben ser reconceptualizadas. En lugar de entenderse como movimientos del autoritarismo a la democracia o de la guerra a la paz, deben replantearse como transiciones de democracias débiles a democracias fuertes y de equilibrios de alta criminalidad a equilibrios de baja criminalidad. 

Esta publicación actualiza el marco de análisis sobre las transiciones políticas en América Latina y ofrece una serie de lineamientos sobre hacia dónde orientar la mirada frente a estos desafíos. A partir de experiencias comparadas de la región, el texto identifica elementos centrales para comprender y enfrentar las dinámicas contemporáneas de violencia, erosión democrática y fragilidad institucional, dentro de los márgenes democráticos. 

El identificador DOI para esta publicación es: https://doi.org/10.5281/zenodo.18299552

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Mariana Cárdenas Millán es pasante en el Institute for Integrated Transitions (IFIT), con base en la oficina de Bogotá, donde apoya actividades de investigación, análisis y proyectos relacionados con el trabajo de la organización en Colombia.

Antes de unirse a IFIT, participó en proyectos estudiantiles de consultoría, apoyó cursos de economía como asistente, contribuyó a investigaciones de pregrado en política pública, tomó parte en foros internacionales de debate y realizó voluntariado en iniciativas dirigidas a niños y jóvenes.

Actualmente cursa el pregrado en Economía, con estudios adicionales en derecho de los negocios, psicología social y periodismo. Sus intereses incluyen la economía del comportamiento, la macroeconomía, la regulación financiera y los factores psicológicos y sociales que influyen en la toma de decisiones económicas.

Idiomas de trabajo: español e inglés.

Pablo Javier Martinez Acevedo es pasante en el Institute For Integrated Transitions (IFIT). Está ubicado en la oficina de Bogotá, donde apoya el trabajo de IFIT en Colombia.

Antes de entrar a IFIT, Pablo ha realizado investigaciones universitarias sobre los derechos humanos, su relación con las herramientas de Inteligencia Artificial en el semillero y actualmente sobre política criminal en la “Escuela de Investigación y Pensamiento Penal POLYCRIMED” de la UNAL. De igual forma, ha trabajado en la Jurisdicción Especial para la Paz en el caso 10 participando en la contrastación de informes y versiones voluntarias.

Pablo es un estudiante apunto de graduarse de abogado de la Universidad Nacional de Colombia. Sus áreas de interés incluyen la justicia transicional, la política criminal, los derechos humanos y el derecho de las nuevas tecnologías.

Idiomas de trabajo: español e inglés.

Cuando lo que cohesiona a un grupo es el rechazo al otro, cuando pasamos al modelo simplista de buenos y malos, o de nosotros contra ellos, hay un riesgo de violencia

Para responder a la pregunta por cómo se vería la sociedad despolarizada, en el primer Foro Anual de Despolarización del pasado 25 y 26 de septiembre, alguien respondió: “Estaríamos cómodos con estar incómodos con nosotros mismos”.

Me pregunté qué tan posible era esa propuesta en nuestro contexto colombiano, en donde la polarización irrumpe de manera tan tóxica y venenosa en cada etapa electoral y ante cada momento histórico, muchas veces de la mano de violencia, balas, discurso de odio, negación del otro y sin espacio para pensar diferente, sin espacio para sentirnos incómodos.

Durante dos días, más de 50 personas de distintas regiones del mundo nos sentamos a hablar de despolarización en un edificio histórico de Barcelona. Un mismo sitio reunía neurocientíficos, periodistas, activistas, negociadores, diplomáticos, académicos, filántropos, filósofos, poetas y músicos, entre otros. Desde ángulos, perspectivas ynacionalidades distintas, nos atraía la idea de activar el músculo de la imaginación y encontrar formas más efectivas para despolarizar o reducir el tamaño del problema.

El punto de partida de la conversación fue precisamente que la polarización es un hiperproblema, un gran obstáculo para resolver otros asuntos que crea una distancia entre dos polos radicales, con visiones distintas y antagónicas, que puede aumentar el riesgo de violencia y que sin duda empeora los conflictos.

Pensé que, aunque en Colombia usamos el concepto de polarización casi como un lugar común para cuestionarnos mutuamente todas nuestras acciones -o para defenderlas-, qué útil sería ponernos de acuerdo en que representa un riesgo. Cuando lo que cohesiona a un grupo es el rechazo al otro, cuando pasamos al modelo simplista de buenos y malos, o de nosotros contra ellos, hay un riesgo de violencia. Y cuando se cierra cualquier espacio para la diferencia, la diversidad o el debate sano, hay un riesgo para nuestra democracia.

A esa definición de la polarización le siguieron varias preguntas. Qué pasa cuando ha contribuido a definir la identidad de un grupo, o de una nación en guerra, como es el caso de Ucrania; o por dónde empieza el diálogo para reducirla en conflictos tan enraizados como el de Israel o Palestina. Y preguntas sobre cómo hacerlo, ¿cómo hacerle frente a las constantes amenazas a la democracia que traen los autoritarismos sin con ello ahondar en la polarización?; ¿cómo hablar sobre los valores de una sociedad frente a fenómenos como la migración sin con ello polarizar?; ¿cómo manejar las luchas por causas sociales o las propuestas de cambio?

Para ese cómo, en el Foro pusimos sobre la mesa un primer menú de soluciones que tenía tres opciones: promover diálogos, trabajar sobre las narrativas y construir políticas públicas dirigidas a despolarizar. También analizamos las innovaciones y los descubrimientos recientes, porque los hay. Estudios desde la neurociencia sobre qué tan flexible o qué tan radical puede ser nuestro cerebro; sobre cómo se mueven las narrativas dentro de los distintos polos, qué tan cohesionadas están cuando andamos en manada y qué transformaciones son posibles desde la mediación y la resolución de conflictos; y sobre las maneras como las distintas culturas entienden o definen la polarización en sus distintos lenguajes.

Aprendimos además que la polarización y la despolarización no son permanentes. No hay países condenados a la polarización. En medio de grandes diferencias políticas, étnicas o religiosas hay también ejemplos de convivencia. Fue lo que ocurrió en Irlanda luego de un proceso de paz, pero también en Cataluña, en donde han superado crisis fuertes de polarización. En ambos casos la sociedad coexiste pese a sus grandes diferencias.

Del grupo reunido en este Foro surgió una comunidad de práctica desde la que estos expertos seguirán buscando respuestas. Una idea llena de esperanza, pero también un experimento, en un mundo en el que el poder y el alcance de quienes buscan polarizar es superior al de quienes están buscando tender puentes. Y ambas se mueven a velocidades muy distintas.En medio de esa esperanza, existe un riesgo alto de que terminemos construyendo castillos de arena si no trabajamos para revertir los incentivos que pueden tener sectores o líderes políticos, medios de comunicación o influenciadores. Todavía es rentable utilizar o visibilizar tácticas como el discurso de odio, la deshumanización del otro o la anulación del contrario para acceder o mantenerse en el poder, o para capturar la atención tan competida por estos días. Reducir sus incentivos es importante porque, paradójicamente, estos mismos grupos de la sociedad son determinantes para despolarizar.

¿Cómo se vería entonces la “despolarización”, que era al final de cuentas el nombre del Foro? Me llamó la atención que la respuesta es muy básica. Es necesario despolarizar para hacer posible la coexistencia, la convivencia con el contrario. Y aunque los conflictos actuales parecerían dar cada vez menos espacio para ello, desde todas las perspectivas y visiones del mundo reunidas estos dos días fue claro que existen fisuras y que tenemos con qué aprovecharlas. No estamos solos.

Me quedé entonces con la idea de que despolarizar es una tarea urgente a escala mundial que necesita ser más efectiva en cada contexto, que exige subirle el volumen a quienes están buscando tender puentes o innovar, que requiere acción y agencia y en donde lo único radical admisible es la imaginación.

Originally published in El País.

Emilio Arturo Barbosa Meillon es pasante en el Institute for Integrated Transitions (IFIT), colaborando en el proyecto de México.

Actualmente, Emilio cursa la Licenciatura en Relaciones Internacionales en el Tecnológico de Monterrey y la Licenciatura en Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Sus áreas de especialización e investigación son la violencia criminal en el contexto mexicano y la paz y seguridad internacional.

Sus áreas de interés son la construcción de paz, el acceso a la justicia, la independencia judicial, el derecho internacional humanitario y los estudios estratégicos.

Working languages: English and Spanish.