Language: Español

Este documento analiza los retos y oportunidades de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) en la implementación de las medidas restaurativas que deben cumplir los comparecientes como parte de sus sanciones y beneficios jurídicos.

El documento identifica los obstáculos y riesgos prácticos para la implementación de estas medidas (incluyendo la falta de criterios claros sobre el carácter reparador, la inseguridad en los territorios, las dificultades presupuestarias, la débil articulación con el sector privado y los riesgos para la reincorporación de los excombatientes).

Finalmente, se proponen soluciones pragmáticas y una narrativa pública que refuercen la legitimidad de la JEP, subrayando que su éxito es clave para la justicia transicional en Colombia y en el mundo.

El identificador DOI para esta publicación es: https://doi.org/10.5281/zenodo.17119549

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La Jurisdicción Especial para la Paz emitió sus primeras sentencias contra máximos responsables. En este contexto, IFIT realizó un mapeo y recomendaciones para afrontar los escenarios de polarización frente a estas y próximas decisiones de la JEP.

Se elaboró un diagnóstico de las principales tensiones y narrativas polarizantes que rodean el trabajo de la JEP, relacionadas con la legitimidad del modelo, las expectativas de los actores del sistema o la instrumentalización electoral que podrá tener este tribunal.

A partir de ello, se realizan una serie de recomendaciones para mitigar tales narrativas. Recomendaciones que van desde intervenciones prácticas como gestionar expectativas, posicionar mensajes, mostrar resultados, hasta mecanismos para potenciar dichas intervenciones.

El identificador DOI para esta publicación es: https://doi.org/10.5281/zenodo.18018986

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Javier Ciurlizza es actualmente el director de la Fundación Ford para la Región Andina. Antes de incorporarse a la Fundación Ford en 2016, fue director de programas para América Latina y el Caribe del International Crisis Group. Dirigió iniciativas para abordar conflictos armados, sociales y políticos en Bolivia, Colombia, Ecuador, Guatemala, México, Venezuela y Haití. Anteriormente, trabajó como director para las Américas del Centro Internacional para la Justicia Transicional.

Javier fue secretario ejecutivo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación de Perú y director del Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Fue nombrado jefe de gabinete del Ministerio de Justicia de Perú y asesor especial del Ministerio de Relaciones Exteriores. También asesoró procesos de comisiones de la verdad y de reparación a víctimas en Paraguay, Kenia, Indonesia y Liberia. Comenzó su carrera profesional estrechamente vinculado al movimiento de derechos humanos peruano, como asistente del secretario ejecutivo del Coordinadora de Derechos Humanos y, posteriormente, como secretario general de la Comisión Andina de Juristas.

Javier tiene una maestría en economía política internacional de la Universidad de Warwick en Inglaterra y una licenciatura en derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

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Este análisis busca identificar los aportes, trayectorias y desafíos de tres experiencias concretas de construcción de paz territorial y humanitaria —en el Chocó, Sur de Bolívar y Caquetá— y comprender cómo las comunidades, desde su capacidad organizativa, han diseñado mecanismos eficaces de protección, negociación y resistencia frente a la inestabilidad estatal y la reconfiguración violenta de los grupos armados.

Estas experiencias ofrecen lecciones clave para el diseño de políticas de seguridad y paz centradas en la autodeterminación territorial, la participación social y el diálogo humanitario.

El identificador DOI para esta publicación es: https://doi.org/10.5281/zenodo.18019062

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La negociación es una de las herramientas más conocidas y utilizadas para promover la paz y facilitar transiciones políticas. Sin embargo, el modelo dominante en las últimas décadas se ha basado en premisas metodológicas que, en conjunto, conducen a procesos de negociación excesivamente lentos.

Un enfoque nuevo y diferente —la “negociación por vía rápida” (fast-track negotiation)— amplía las opciones para alcanzar acuerdos y supera la dependencia excesiva de un único modelo.

Este enfoque se basa en principios, prácticas y supuestos que permiten mayor rapidez y realismo, restaurando así el valor de la negociación como mecanismo para prevenir y poner fin a situaciones de violencia a gran escala.

“La incómoda verdad es que el paradigma dominante actual de negociación, caracterizado por su lentitud, rara vez conduce a un acuerdo, lo que debilita la premisa fundamental de que la legitimidad del proceso garantiza la sostenibilidad de su implementación”, señala Mark Freeman, fundador y director ejecutivo de IFIT y autor del documento en cuestión. “Es momento de volver a los principios esenciales y diseñar un modelo que priorice la consecución de acuerdos. Debemos reconocer que la sostenibilidad es un ideal vacío si no hay resultados negociados.”

Traducción de la versión original en inglés

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Este documento está dirigido a los actores cívicos y democráticos que buscan mejorar el relacionamiento y diálogo con los agentes de seguridad estatales en regímenes híbridos.

Se trata de un resumen del informe de IFIT, originalmente publicado en inglés.

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María Alejandra Fonseca Manosalva es consultora en el Instituto para la Transiciones Integrales (IFIT). Está basada en la oficina de Bogotá, donde apoya el trabajo de IFIT en Colombia, así como el del Grupo de Práctica de Narrativas Inclusivas y el Grupo de Práctica de Asistencia a Transiciones.

María Alejandra es abogada y politóloga de la Universidad de los Andes, en Colombia. También ha asistido a cursos en derecho internacional, derechos humanos, justicia transicional, estudios de género y políticas de migración en la Universidad Chung-Ang en Corea del Sur .

Antes de unirse a IFIT, María Alejandra trabajó en la Clínica Jurídica para Migrantes de la Universidad de los Andes, brindando asistencia legal a personas de bajos ingresos que enfrentan desafíos relacionados con la migración. Ha publicado investigaciones sobre derecho electoral, partidos políticos y el Acuerdo de Paz en Colombia, con un interés particular en la relación entre los marcos jurídicos e institucionales, la representación democrática y la construcción de paz en el país.ación de investigaciones sobre derecho electoral, partidos políticos y el Acuerdo de Paz colombiano.

Idiomas de trabajo: inglés i español

Originally published in El País

El director del Instituto para las Transiciones Integrales (IFIT) aboga por ampliar las herramientas frente a la crisis de inseguridad en México e impulsa un nuevo modelo para llegar a acuerdos puntuales con el crimen organizado.

“No vamos a negociar con delincuentes”. Claudia Sheinbaum fue tajante cuando le preguntaron en octubre pasado, a menos de un mes del arranque de su Gobierno, si estaba dispuesta a entablar un diálogo con las organizaciones criminales más poderosas y violentas, en medio de la ola de violencia que azota a México desde hace décadas. “Vamos a construir la paz atendiendo las causas y con cero impunidad”, señaló la presidenta, días después de presentar su estrategia de seguridad y en respuesta a la propuesta del diputado oficialista Manuel Espino de abrir un canal de comunicación con las facciones del narcotráfico. Ante el rechazo del Ejecutivo, el legislador aseguró que fue un malentendido y dijo que su idea nunca fue ofrecer “un pacto”.

Pero no todos están cerrados a la idea de mediar y llegar a compromisos con la delincuencia organizada. “¿Por qué debería ser un tabú negociar con un grupo criminal si es útil para reducir la violencia y dar paz a la gente?”, plantea Mark Freeman, director y fundador del Instituto para las Transiciones Integrales (IFIT), en entrevista.

Con más de tres décadas de trayectoria en negociaciones de paz de alto nivel y experiencia en países como Afganistán, Ucrania, Venezuela, Colombia o Congo, el especialista invita a ampliar la caja de herramientas para enfrentar el flagelo de la inseguridad y considerar las negociaciones como un recurso más en las manos de las autoridades y los actores con incidencia social, como los empresarios o la Iglesia. “No es que todos los Gobiernos deban arrancarse a negociar con los grupos criminales, el problema es que muchas veces ni siquiera se considera como una opción en contextos donde puede funcionar”, agrega.

Freeman argumenta que, aunque son un asunto espinoso en el debate político, las negociaciones son una realidad. Se han dado entre Estados Unidos y los talibanes, Israel y Hamás o las autoridades colombianas y las guerrillas, incluso de forma bastante abierta. A menudo, sin embargo, se traza una línea roja cuando se trata de narcotraficantes. “El espectro de grupos violentos y al margen de la ley es muy amplio, ¿por qué con unos sí y con otros no? Hay un cierto misterio”, comenta.

El especialista lanza algunas hipótesis al respecto. Habla de la ausencia de una agenda ideológica en el arquetipo de los carteles, lo que nubla la visión de cuáles son sus objetivos: “Los yihadistas quieren establecer la sharia, pero ¿los narcos qué quieren?”, cuestiona. A propósito de este punto, el director del IFIT menciona como otro factor cierta “falta de imaginación” y costos reputacionales y políticos en el cálculo de los actores oficiales. “Es un tabú para los Gobiernos porque asumen que van a perder votos si hay un rechazo público ante la idea de negociar y posiblemente legitimar”, sostiene.

A partir de un estudio que siguió procesos de este tipo durante cinco años, el IFIT identificó que la mayoría de las negociaciones en el mundo fueron para alcanzar acuerdos parciales. A menudo los procesos de mediación se dieron de la mano de otro tipo de actores —como grupos religiosos, organismos no gubernamentales o el sector privado— que tienen a priori mayor margen de maniobra porque no son electos, pero también corren altos riesgos.

México no es ajeno a ese fenómeno. A principios del año pasado se hizo público que un grupo de sacerdotes había logrado una tregua con las principales fuerzas delictivas de Guerrero, uno de los Estados más violentos del país. No sin polémica. “La información que tengo es que esto está pasando y ha pasado desde hace mucho tiempo: diálogos, negociaciones, treguas temporales, acuerdos muy puntuales… esto existe y está documentado”, comenta Freeman, quien llama a “proteger a los mediadores” y “tener una visión de fortalecimiento institucional” para conseguir que los acuerdos sean duraderos. La Iglesia católica aseguró en diciembre pasado que México es el país más peligroso para ser sacerdote en América Latina y reclamó que al menos 80 de sus ministros de culto fueron asesinados en las últimas tres décadas.

El equipo de Freeman ha tenido acercamientos con distintos sectores en México, desde académicos hasta activistas. “Estamos asesorando y formando a gente en estos temas para que tengan mayores posibilidades de éxito”, señala sobre su visita al país. “Nuestra idea no es vender ‘esto es lo que tienen que hacer’, tampoco negociar para la colusión o la impunidad, sino poner a su disposición estas herramientas”, apunta.

El especialista no ha tenido contacto con el Gobierno mexicano, pero los miembros y aliados de IFIT han percibido una apertura mayor de las autoridades de los distintos niveles para explorar otro tipo de recursos ante la violencia, aunque sigue siendo un tema difícil de tratar públicamente. “Antes ni siquiera se podían tener este tipo de conversaciones”, asegura.

Freeman señala que el modelo tradicional de negociación parte de la idea de que el objetivo final es una transición total hacia la paz, que se consigue en un orden fijo de pasos hacia esa transformación y que la prolongación de las negociaciones reduce la intensidad del conflicto eventualmente. Asume, sobre todo, que hay tiempo para llegar a una solución y que no hay tal solución si no se desarticula el conflicto por completo, señala el especialista.

En cambio, el IFIT propone negociaciones de vía rápida, a partir de fijarse metas en el corto plazo, asumiendo que una solución “ideal” no es asequible y que el proceso tiene que darse en ventanas de oportunidad bastante acotadas, por lo que los pactos tienen que cerrarse lo más pronto posible. Parte de diagnósticos concretos de lo que se quiere y se puede lograr. Y asume que los conflictos están en constante evolución, con actores cada vez más fragmentados, privilegiando encadenar una serie de compromisos puntuales. “No se trata de la paz perfecta, sino de la paz posible”, comenta. “Responde a un sentido de urgencia y a la necesidad de tener resultados”.

“Creo que hay que tener estos debates en la sociedad”, señala. “Hay que considerar, por supuesto, los mecanismos coercitivos, los cambios en las leyes de Estados Unidos, mil cosas… pero nosotros creemos que las negociaciones son una opción subutilizada, que puede ser parte de la solución”, concluye Freeman.

En el primer episodio del video-podcast “Democracia & Elecciones” del Laboratorio Electoral, Arturo Espinosa Silis conversa con Mark Freeman, fundador y director ejecutivo del Institute for Integrated Transitions, sobre la designación de jueces y juezas de última instancia, analizando su impacto en la justicia y la democracia.

La polarización no es un problema cualquiera, es un híper-problema — esa categoría especial de problemas que, cuando existe, obstaculiza la capacidad de una sociedad o sistema político de resolver casi cualquier otro tipo de problema.

En “Diez ideas para superar la polarización”, Mark Freeman, Fundador y Director Ejecutivo del IFIT, y Hilary Pennington, Vicepresidenta Ejecutiva de Programas de la Fundación Ford, proponen diez formas prácticas para prevenir o reducir la polarización basadas en experiencias de lugares como Irlanda del Norte, Kenia, Túnez y Colombia.

Traducción de la versión original en inglés

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